Entrevista a José Sanclemente, autor de ‘Esta es tu vida’ #DíaDelLibro2015

Como ya hemos anunciado previamente, con motivo del Día del Libro, desde la Asociación ABDM hemos lanzado una campaña para conocer vuestros libros favoritos bajo los hastags #ÚneteABDM y #DíaDelLibro2015.  Además, con este mismo objetivo nos hemos propuesto contaros cuáles son los nuestros a través de una serie de posts que publicaremos a lo largo de la semana, y a la que pertenece este. ¡#FelizdíadelLibro a todos!

En ocasiones, los personajes de una novela son capaces de conocerte y definirte mejor, incluso, de lo que lo harías tú mismo. Esto es lo que cualquier periodista o aficionado al periodismo debe sentir al meterse en la piel de Leire Castelló, la joven e idealista periodista, protagonista de las tres novelas de José Sanclemente: ‘No es lo que parece’, ‘Tienes que contarlo’ y ‘Esta es tu vida’.

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Sanclemente, José. Esta es tu vida. Barcelona: Roca, 2014. 286 p. ISBN: 978-84-9918-760-0.

 

En este último, la periodista se adentra en la investigación del asesinato de una de las participantes del reallity de moda, ‘Esta es tu vida’, emitido en la cadena televisión en la que trabaja y que caerá en el morbo jugando con los límites entre la información y el entretenimiento.

 ¿Crees que en las televisiones se conoce dónde está el límite de los reallities?

No. Creo que los límites se sobrepasan continuamente. La vejación hacia los concursantes, la exposición de su intimidad, el reírse de ellos o su incultura… no tiene límites. La exploración de fórmulas amenas, ya sea poniéndolos desnudos en una isla o vestidos y sin comer en otra con duras pruebas… yo creo que no hay límites y que continuamente se están rebasando las posibilidades siempre y cuando tenga audiencia.

Hay algunos en los que el violador aparece con la víctima en el mismo programa, algo que aquí nos escandalizaríamos. Pero aquí en España hubo uno que creo que se llamaba ‘Confesiones’ en el que apostabas delante de tu familia y cuanto más íntima y delicada era la pregunta, más dinero te llevabas. En ese, una chica llegó a confesar delante de su familia y su novio que ejercía la prostitución y más tarde fue asesinada por su pareja, que, a su vez, lo confesó en otro reallity.

Como puedes ver hay bastante de real en la novela. Además, he intentado mostrar los entresijos de la televisión, cómo funciona en realidad, y ese paso de la información a la cultura del entretenimiento, del reallity, que desvirtúa lo que es la información pura y dura. Enmascarar la verdad con otro tipo de condicionantes con el “todo vale por la audiencia”. Yo he exagerado ese punto en la novela para darle al lector la posibilidad de que reflexione.

– ¿En manos de quién está poner estos límites?

Creo que está en manos de los propios directivos. Digamos que existen normas para las televisiones, que, al fin y al cabo, son concesiones públicas y dependen de los Gobiernos. Pero al final se sobrepasan. Estamos viendo últimamente que muchas televisiones son multadas precisamente por saltarse estos límites, pero les resulta más económico pagar estas multas que no hacer este tipo de formatos que les hacen ingresar mucho más dinero y más publicidad. Ten en cuenta que el crecimiento de la facturación de las televisiones es cada vez mayor y por audiencia se rebajan esos límites que, al final, ¿por qué se los van a poner si les resulta rentable?

– ¿Cree que en la televisión se hace periodismo o, como se muestra en el libro, el morbo mueve más?

Yo creo que todavía se hace, por lo menos la gente se informa todavía por la televisión, otra cosa es que la información sea todo lo aséptica y plural que pueda ser. Lo que he intentado en ‘Esta es tu vida’ es exagerar el punto en el que creo que, en este momento, los informativos están jugando un poco con los mismo componentes que tienen los reality shows: frivolidad, rozando el voayerismo y el morbo. Por eso vemos que muchas tertulias políticas o sociales, que tendrían que ser informativas, se desvirtúan y pierden el concepto de información para el espectador porque se convierten en un infoshow; una especie de espectáculo porque es lo que al final parece que quieren los directivos y lo que les da audiencia. Al final los programas informativos se mezclan con el entretenimiento.

– La protagonista de la novela, Leire Castelló, es una periodista que busca la verdad por encima de todo, ¿cree que aún hay periodistas que buscan este ideal de periodismo?

– Quiero creer que sí. Por eso quizá Leire pertenece a un arquetipo de personaje pero había una intención. Me interesaba que hubiera una joven periodista que tuviera ese tipo de ideales: contar la verdad por encima de todo, sin comprometerse y que, por eso, encontrara dificultades. Incluso que se enfrentara a sus jefes y eso, tal y como están las cosas hoy en día, es complicado, ¿quién se enfrenta a sus jefes cuando puede perder el puesto de trabajo?

Es cierto que la situación actual, con la crisis económica y, luego publicitaria que se ha dado, el periodismo se está castigando y se está dotando de muchos menos medios a los periodistas. Leire está siempre en ese contexto. En la primera novela está en un periódico mortecino que se acaba hundiendo, en la segunda está más en el ámbito de la radio en el que tiene sus problemas, y ahora en el mundo de la televisión parece que es donde hay más dinero, que se puede cobrar mejor; pero también tiene sus compromisos y sus ataduras y, sobre todo, esas dobleces que hemos visto con la información donde ella se acaba revelando. Desgraciadamente es una heroína porque el panorama de los medios está como está.

¿Cuánto de José Sanclemente hay en Leire Castelló?

– ¿En Leire? ¡Es una mujer! [ríe] Creo que en todos lo personajes hay un poco del autor, incluso en los malvados. En Leire quizá sea ese punto rebelión, de querer hacer las cosas como a uno le gusta… en la vida te pasan muchas cosas e intentas hacer siempre lo que tú crees que es lo correcto, con tus principios, pero es complicado y a veces hay que sucumbir. Quizá en esa parte, incluso a veces de poner una cierta vehemencia en ese ideal de querer contar bien las cosas y ser honesto.

Pero no sé si lo consigo porque, sí que es cierto que ella pudiera parecer como una heroína, a veces me han criticado que compañeros de la edad de Leire que, además de guapa e inteligente también sea íntegra y se enfrente a su director, “esto es imposible, en estos momentos hay que aguantar y callar”. Yo lo entiendo, eso es humano, pero cada vez más deteriorando el periodismo, la calidad del medio, y por eso la gente se va apartando. En Leire puede haber esa cierta vehemencia y contar las cosas sin ningún tipo de tapujos.

En el reallity que da nombre a la novela, los participantes ceden el control de todas sus cuentas (bancarias, académicas, de redes sociales…) a la productora para ser investigados y conocer cuál es realmente su vida, ¿cree que, ahora mismo, nuestra actividad en Internet permite a otros conocer cuál es nuestra vida?

Somos muy poco conscientes de los riesgos que hay, en general. Tomamos muy pocas precauciones. Podemos llegar a entender que, como las redes sociales son gratuitas, el producto a vender somos nosotros en el sentido de que, en el momento en el que clickamos en un buscador o ponemos una foto determinada, Internet ya nos muestra anuncios en relación a eso. Es algo que estamos admitiendo aunque a veces nos moleste. Pero lo que no conocemos es que cuando nos exponemos de esa manera podemos ser permanentemente observados. Eso que compartimos deja de pertenecernos y puede ser distribuido y alterado por otros. Estoy a favor de las redes sociales pero creo que hay que tomar determinadas precauciones y, sobre todo, no contar aquello que no nos interesa que se divulgue.

En mi primera novela las redes sociales jugaban un gran papel que luego ha quedado relegado por la realidad, con el caso Snowden, con el que hemos visto que todo está monitorizado. Es cierto que a nadie le interesa lo que hagamos por separado pero en el momento en el que intentemos hacer algo que tenga relevancia para alguien, como una agencia de seguridad o quien sea, automáticamente nos van a monitorizar.

Algo que también comparten las tres novelas es la presencia de los lobbiesSi las anteriores novelas hablabas de algunos internos del mundo del periodismo, como son los directivos o los publicistas, en esta tratas con la Iglesia y los transgénicos, ¿realmente tienen tanto poder estos lobbies?

Sí, sí la tienen. La tienen y mucha. La Iglesia tiene un gran poder e incluso en medios de comunicación. Es indudable.

Esta novela la he escrito un poco a piezas, sobre todo me he basado en imágenes, son todas ellas vividas, como por ejemplo la escena de México en el Hospicio Cabañas, fue un lugar que visité y rápidamente cambié toda la novela. Cuando me enteré de que ahí habían convivido miles de niños adoptados, me impresionó.

Cuando investigué el lobby de los transgénicos vi el poder que tienen, las multinacionales y quise hablar de ello, cambiando el nombre a las empresas, pero hay algunas que tienen el control de la producción agrícola en prácticamente todo el mundo. Nada de lo que aparece en la novela es mentira. Esa parte sí está basada en hechos reales. Como el caso del padre Marcial Marcial que es el que uno de mis personajes, él existió, leí sobre él, fue un caso de pederastia tremendo y, sobre todo, de estafa. Me impresionó mucho ver un video de una entrevista que hizo una periodista a sus hijos. Su familia no sabía nada, se enteró porque salió publicado en un reportaje de investigación después; pero es tremendo como sus hijos, ya mayores de veintitantos años reconocían haber sido violados por su padre y que fue el fundador de la Orden. Y es tremendo. Todo tiene su base real y son lobbies y han hecho mucho daño.

–  ¿Qué es lo que buscas despertar en el lector con esta novela?

Yo escribo para entretener, también. Busco que sean trepidantes, un poco thriller, que se puedan leer rápido y que sólo al final te quede un poso de reflexión. Para mi, una de las máximas es que la gente entienda que el periodismo es clave y es necesario para que seamos más libres. Que entiendan que estar bien informado, que el papel de los periodistas es relevante y a veces, incluso, se la tienen que jugar, pero es importante tener buena información para que el ciudadano se sienta más libre. Ese pudiera ser el hilo conductor de las novelas. Eso y cómo se va agrediendo al periodismo de diferentes maneras. Serían los leiv motive.

De hecho, yo soy economista no soy periodista, he estado en el lado de la gestión de los medios de comunicación toda mi vida. Cuando empecé a escribir pensé hacer casi un manual de periodismo para las Facultades pero pensé que eso sólo le iba a interesar a unos pocos y quizá debería hacer algo más literario para que llegara a mucha más gente y al final entendieran lo importante que son los periodistas.

Y, por último, ¿podría dar un consejo a los periodistas que queremos hacer este tipo de periodismo, pese a todo?

No os desaniméis, existe hueco para poder contar la verdad; sed honestos con vosotros mismos y, sobre todo, cuando vayáis a publicar y os enfrentéis a la verdad, hacedlo sin complejos, pero también sin condicionantes. Eso es muy relevante porque al final lo que sale publicado es creíble y tiene notoriedad si se hace de esa manera, sin dobleces, acercarse a la verdad -o a las verdades- se tiene que hacer de una manera en la que no se engañe, y sobre todo en la que no se engañe el propio periodista. Para eso hay que incurrir, como siempre, en lo mismo: contrastar las fuentes, publicar aquello que sea verdad y que esté absolutamente contrastado, o al menos lo suficiente para poder saber que esa es la verdad.