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La biblioteca azul

Al lado de la estación de trenes de  Stuttgart, en el Wilhelmspalais (Alemania), se encuentra una de las bibliotecas más modernas del país, gracias al nuevo edificio en Mailänder Platz,  que alberga una institución educativa y cultural de lo más vibrante y luminosa.

El diseño de esta joya de Stuttgart se debe a un joven arquitecto coreano llamado Eun Yin, y su construcción de 20.000 m2, ha costado casi cerca de tres años. Tiene una estructura en forma de monolito y hormigón blanco de 9 pisos y 2 subterráneos, acompañados por bloques de vidrio esmerilado que la iluminan de azul cuando la tarde va llegando. El espacio cuenta con dos fachadas entre las que hay una pasarela para poder observar la ciudad.

El diseño interior tiene unos valores herméticos e introvertidos pero que, a su vez, ofrecen una versatilidad de espacio impresionante. El centro del edificio cuenta con una claraboya central con una clara intención de representación del acceso a lo profundo del conocimiento, rodeados de un blanco puro lleno de elementos multimedia, cafetería y espacios habilitados para foros culturales en el sótano. Alrededor de los espacios centrales se agrupan las zonas funcionales y las galerías circundantes.

El núcleo del concepto de iluminación es la Digital Addressable Lighting Interface (DALI). Esta interface estandarizada y digital garantiza que en cualquier lugar y en cualquier momento esté disponible una iluminación óptima, deslumbrante pero sin deslumbramientos.

Todo esto condensando en un edificio de lenguaje formal y claro, que duerme rodeado de un conocimiento que cuando cae la noche se vuelve azul.

El libro más extenso

En el epílogo de la obra del escritor francés Raymond Queneau “Cent Mille Milliards de Poèmes” (1961), François Le Lionnais  escribe lo siguiente:

“La obra  que usted tiene en sus manos representa, por sí sola, una cantidad de texto mucho más grande que todo lo que el hombre ha escrito desde la invención de la escritura, incluyendo novelas populares, cartas comerciales, correspondencia diplomática, correo privado, borradores arrojados a la papelera y graffitis.”

En 1960 Queneau presenta el que probablemente sea el libro más largo del mundo y que apenas llega a diez páginas. Cada una de ellas contiene un soneto con sus catorce versos.

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Bibliotecarios y crisis de identidad

¿Qué fue de nuestros orígenes? ¿Qué valor aportamos cuando las tecnologías son más veloces de lo que tardamos en pasar páginas? O acaso, ¿nos han pasado página a nosotros?

Daniel Gil, una de las personas de referencia en el asociacionismo bibliotecario de Cataluña, ya se planteaba este retorno a los orígenes en su artículo titulado “Sobre la necesidad de un cierto retorno a los orígenes bibliotecarios”. Daniel argumentaba que debemos poner valor a aquello que sabemos hacer muy bien, y que al mismo tiempo, nos hace diferentes, como la catalogación. Todo esto unido a nuestras habilidades sociales y comunicativas.

Quizá debiéramos retornar a unos orígenes en los que la función bibliotecaria se transforme bajo el paraguas de los nuevos tiempos. María Delmás Ruiz y Alexandre López Borrull publicaron en 2015 un artículo llamado “Perfil profesional en las bibliotecas públicas: visión de los mismos bibliotecarios”. Para ello, utilizaron los datos resultantes de una encuesta realizada a 185 bibliotecarios y a 3 directores de biblioteca.

Este estudio dejó al descubierto las principales carencias detectadas por los bibliotecarios y bibliotecarias relacionados con la cultura empresarial, la gestión de conflictos y la iniciativa para innovar. Se dejaba patente una formación insuficiente tanto en la atención al público como en la figura del bibliotecario como preceptor de información. Las carencias en la innovación, no quedarnos atrás con los nuevos tiempos, y saber comunicar adecuadamente los servicios y productos de las bibliotecas, pero sin olvidarnos de nuestra función como bibliotecarios, son algunas de las soluciones a esas carencias. Pero también es cierto que innovar no solo es dependencia única del ámbito de la tecnología sino que, cualquier iniciativa por pequeña que sea, que consiga despertar el interés por acudir a la biblioteca es también una forma de innovar. Muchos bibliotecarios y bibliotecarias mantienen alianzas con diversos colectivos y centros y esa comunicación a veces es menos perceptible que la implantación de una nueva tecnología pero igual de eficaz.

Por otro lado, nos enfrentamos a la desintermediación y cómo ésta afecta a  nuestro papel profesional puesto que la búsqueda y acceso a la información cada vez son más sencillas para el usuario. Pero no por ello se eliminan los intermediarios, de hecho, se han reforzado con la llegada del mundo digital en industrias como el cine o la música, por ejemplo.

Pero, ¿somos útiles para aliviar el riesgo de infoxicación de los usuarios o realmente los usuarios solo sienten esa infoxicación en situaciones muy concretas?. Tenemos que seguir posicionándonos como especialistas en la información y seguir desarrollando servicios de excelencia que generen valor añadido y que establezcan puentes entre el ámbito físico y el digital.  Esta labor de intermediación, además de muchas más habilidades, es la que nos afianza…qué os vamos a contar…