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Como preparar oposiciones para bibliotecas y archivos

Tradicionalmente el sector público (las famosas oposiciones)  ha sido la principal salida profesional de los estudiantes de las antes denominadas Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación y Licenciatura en Documentación, actualmente aglutinado bajo la denominación de Grado en Información y Documentación.

En los últimos años la oferta de empleo público ha sido bastante escasa por no decir inexistente pero esta situación tiene visos de cambiar. Ahora bien, la pregunta a la que nos enfrentamos todos los que nos decidimos por prepararnos una oposición es ¿cómo lo hacemos?

La opción autodidacta. Conseguir los temarios (ya sean prestados o comprado) y estudiar por nuestra cuenta, es verdad que los temarios muchas veces no están actualizados o son difíciles de encontrar. Algunas bibliotecas como la de Geografía e Historia de la Universidad Complutense tienen temario de oposiciones (exclusivamente para consulta en sala), así que lo mejor será que vayáis al centro y lo consultéis con los bibliotecarios (exactamente igual para las oposiciones bibliotecas públicas o las plazas del ministerio). También podéis consultar la bibliografía que la Biblioteca Nacional pone a disposición de los opositores a bibliotecas, museos y archivos.

Con un preparador. El preparador, un experto en la materia, en algunos casos nos facilitara el temario y nos citara una vez a la semana (puede ser con distinta periodicidad) para que le cantemos los temas y resolver nuestras dudas. Es una opción exigente y medianamente económica.

Formación online. Nos facilitaran los materiales del curso y nos harán un seguimiento. Dos webs que ofrecen este tipo de servicio son:

Formación presencial.  En Madrid disponemos de dos centros que ofrecen cursos para preparar las oposiciones de forma presencial:

Si conocéis algún centro, recurso u opción no dudéis en comentar y compartirlo con nosotros

 

Bibliotecarios y crisis de identidad

¿Qué fue de nuestros orígenes? ¿Qué valor aportamos cuando las tecnologías son más veloces de lo que tardamos en pasar páginas? O acaso, ¿nos han pasado página a nosotros?

Daniel Gil, una de las personas de referencia en el asociacionismo bibliotecario de Cataluña, ya se planteaba este retorno a los orígenes en su artículo titulado “Sobre la necesidad de un cierto retorno a los orígenes bibliotecarios”. Daniel argumentaba que debemos poner valor a aquello que sabemos hacer muy bien, y que al mismo tiempo, nos hace diferentes, como la catalogación. Todo esto unido a nuestras habilidades sociales y comunicativas.

Quizá debiéramos retornar a unos orígenes en los que la función bibliotecaria se transforme bajo el paraguas de los nuevos tiempos. María Delmás Ruiz y Alexandre López Borrull publicaron en 2015 un artículo llamado “Perfil profesional en las bibliotecas públicas: visión de los mismos bibliotecarios”. Para ello, utilizaron los datos resultantes de una encuesta realizada a 185 bibliotecarios y a 3 directores de biblioteca.

Este estudio dejó al descubierto las principales carencias detectadas por los bibliotecarios y bibliotecarias relacionados con la cultura empresarial, la gestión de conflictos y la iniciativa para innovar. Se dejaba patente una formación insuficiente tanto en la atención al público como en la figura del bibliotecario como preceptor de información. Las carencias en la innovación, no quedarnos atrás con los nuevos tiempos, y saber comunicar adecuadamente los servicios y productos de las bibliotecas, pero sin olvidarnos de nuestra función como bibliotecarios, son algunas de las soluciones a esas carencias. Pero también es cierto que innovar no solo es dependencia única del ámbito de la tecnología sino que, cualquier iniciativa por pequeña que sea, que consiga despertar el interés por acudir a la biblioteca es también una forma de innovar. Muchos bibliotecarios y bibliotecarias mantienen alianzas con diversos colectivos y centros y esa comunicación a veces es menos perceptible que la implantación de una nueva tecnología pero igual de eficaz.

Por otro lado, nos enfrentamos a la desintermediación y cómo ésta afecta a  nuestro papel profesional puesto que la búsqueda y acceso a la información cada vez son más sencillas para el usuario. Pero no por ello se eliminan los intermediarios, de hecho, se han reforzado con la llegada del mundo digital en industrias como el cine o la música, por ejemplo.

Pero, ¿somos útiles para aliviar el riesgo de infoxicación de los usuarios o realmente los usuarios solo sienten esa infoxicación en situaciones muy concretas?. Tenemos que seguir posicionándonos como especialistas en la información y seguir desarrollando servicios de excelencia que generen valor añadido y que establezcan puentes entre el ámbito físico y el digital.  Esta labor de intermediación, además de muchas más habilidades, es la que nos afianza…qué os vamos a contar…

 

Se ha escrito un crimen…

Los cineastas llevan representando en sus películas a las bibliotecas desde hace años, mostrando la imagen de la misma en varios filmes y poblada de pocos elementos. Ya sean comedias, thrillers, dramas…la acción que se lleva siempre entre los libros es de lo más variada, aunque también podemos decir que la  representación de la biblioteca en el cine no  ha variado sustancialmente desde hace casi un siglo.

En la gran pantalla, los bibliotecarios tenemos una imagen estereotipada con tareas de atención al público, préstamos..y con pocos elementos ornamentales como tejuelos, libros, estanterías…

A groso modo, se podría decir que para el cine existen dos tipos de bibliotecas: una pública y otra académica, tanto para dar mayor soporte a la educación como para ser un punto de encuentro social.

Si queréis ampliar información sobre este matrimonio que lleva años deleitándonos os dejamos la referencia a Andrio Esteban, y La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015),  de la Universidad de Salamanca, 2016.

Porque … ¿quién no ha visto resolverse el más meticuloso de los crímenes gracias a una biblioteca?