Bibliotecas móviles

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¡Que el mundo entero disfrute del placer de la lectura!

Las bibliotecas móviles atienden a la población urbana de barrios periféricos y a los núcleos rurales que están dispersos por nuestra geografía. En España, tenemos el bendito bibliobús, ese autobús que viaja repleto de libros esperando salir en préstamo. Benditos bibliotecarios y bibliotecarias que visitan con asiduidad las localidades y se molestan en establecer lazos con sus usuarios para poder orientarles en sus lecturas.

La biblioteca móvil es un garante de diversidad cultural, no solo visita espacios sino que se adapta a los hábitos de los ciudadanos, constituyéndose por sí misma como un espacio público de calidad en emplazamientos en donde no existía esa alternativa. Se gestan y se desarrollan relaciones sociales en torno a las prestaciones que facilita, así como favorece la integración de grupos sociales, la eliminación de barreras físicas y psicológicas y la aplicación de las nuevas tecnologías.

Las bibliotecas móviles tienen la capacidad de adaptarse en todo momento a las necesidades de una sociedad siempre cambiante. En este sentido, tienen mucho protagonismo las redes sociales, que nos sirven para abrir el abanico de posibilidades en la presencia de las bibliotecas móviles en el día a día de los ciudadanos acercándolas a ellos y mejorando la comunicación y la participación entre ambos.

El primer bibliobús madrileño que se conoce comenzó a funcionar en 1953 alrededor de los suburbios. Más tarde, en 1956, otro bibliobús reforzó este servicio y más tarde aún, en 1963, se añade un tercer refuerzo a los dos anteriores. Los años y los recursos fueron en aumento hasta que en 2008 ya podíamos hablar de toda una flota de lo más funcional, que en 2011 contaba en algunos de sus bibliobuses con tecnología RFID (Radio Frequency Identification) para su sistema de autopréstamo. Utilizando de forma coherente todo lo que las nuevas tecnologías nos ofrecen tendremos un gran aliado para llevar cultura a los municipios y barrios.

La Comunidad de Madrid acerca esa cultura a los municipios de la región gracias a 13 bibliobuses que recorren 118 municipios y 17 distritos de la capital. En cada uno de los autobuses puede haber  unos 3000 ejemplares entre material audiovisual, multimedia y libros.

Los bibliobuses son verdaderas bibliotecas móviles de préstamo que incluyen materiales para todas las edades y materias. Existe también un fondo adicional con unos 200000 volúmenes que pueden solicitarse y posteriormente recogerse en la siguiente visita del bibliobús. Además, el personal de los bibliobuses organiza exposiciones, clubes y guías de lectura, etc.

En los bibliobuses ocurren algunas anécdotas divertidas o capaces de emocionar, curiosidades como una oveja que se subió a uno de ellos o que se confunda el autobús con el de las mamografías o con el de donantes de sangre. Incluso a veces se olvidan cosas en los libros devueltos que son pequeños tesoros, fantasías entre hojas que nos informan de una parte del recorrido de la existencia de una persona. Y es realmente bonito poder crear historias de ficción a través de esos pequeños trocitos de realidad.

Algunas bibliotecas ambulantes son muy pero que muy originales. Tenemos desde bibliotecas sobre ruedas, furgonetas que se hacen bibliotecas para poder llevar la cultura a las zonas más remotas y democratizar el acceso al conocimiento. Tenemos aerobibliotecas para lugares muy alejados y de difícil acceso: cambiamos ruedas por alas y ¡nos encontramos con avionetas bibliotecas!. También existen particulares bibliotecas móviles a modo de biblioburro, carretas literarias cargadas de libros, bibliotecas flotantes como la bibliolancha para surcar ríos y mares. Ni qué decir tiene cómo nos agradan otras bibliotecas ambulantes como las de verano. Podemos disfrutar de bibliotetrrazas, biblioplazas, biblioparques, bibliopiscinas…originales servicios de préstamo al aire libre. Las biblioplayas, por ejemplo, son  campañas puestas en marcha por algunos ayuntamientos para fomentar la lectura en los períodos vacacionales.

El caso es que ya sean bibliotecas sobre ruedas o bibliotecas de tracción animal, si los usuarios no van a la biblioteca, la biblioteca irá a los usuarios.