El Codex Seraphinianus, obra y delirio

Cuando se nombra al italiano Iligi Serafín (Roma, 1949), uno piensa en entrar y hacerse un hueco relajadamente en la biblioteca de su barrio o en pensar a ver cómo lo consigue para poder curiosearlo.

¿Qué son esas descripciones? ¿Podré ser yo quien las descrifre? ¿qué misterios guarda? ¿acertaré a comprender que son esas figuras y estos grabados que proceden de un mundo tan extraño?

Hablamos del libro más raro del mundo, con más de 350 páginas que están escritas en un lenguaje imaginario y que están repletas de seres imposibles, metamorfosis, peces con escafandras, y donde el absurdo, de tanto serlo, hasta parece cuerdo.

Siempre se ha pensado que la intención del autor era provocar emociones infantiles porque solo los niños  son capaces de ver la realidad de los sueños.

Serafini creó el Codex a finales de los setenta y durante casi tres años se encerró en su piso a crearlo. Se le ha llegado a definir como una enciclopedia alienígena de gran influencia surrealista. Una fantasía en estado puro. Tiene once capítulos divididos en dos secciones. Una dedicada al mundo natural (botánica, zoología…) y la otra a las ciencias del hombre (anatomía, etnología…).

Tras múltiples negativas al autor, por parte de los editores que le invitaban a que mostrase su obra en galerías de arte, un editor de cuerda más excéntrica Franco María Ricci, le hizo caso y aquella tirada de la primera edición contó con 5000 ejemplares.

En los últimos años el Codex ha alimentado a los buscadores de extraterrestres y a todos los fieles de la teoría de la conspiración. Pero parte de este misterio se debe también a que Serafín avivó durante mucho tiempo el mito de que las grafías del libro escondían secretos y mensajes cifrados, hasta que en el año 2009 confesó que era un lenguaje inventado. Únicamente utilizó una clave específica para la paginación, que dos matemáticos lograron descifrar años después.

Pese a todo, es un libro inquietante que le hace al lector impulsarse a intentar comprenderlo. Quizá uno de esos lectores, seas tú.