El planeta de los ebooks

ebookVivimos en un mundo en donde los opuestos pretenden atraerse, parece que todo debe corresponder a un solo tag o a una sola etiqueta pero hay ocasiones en que la distinción marca la calidad de unión y podemos encontrarnos que en la atención a la diversidad los productos se potencian o incluso se refuerzan.

Este es el caso del libro impreso y del libro digital, de las hojas de papel y las pantallas. Una historia en la que algunos sucumben a las nuevas tecnologías mientras otros no le encuentran el más mínimo atractivo.

Pero, ¿y si en vez de ponerlos en contra, acercásemos posturas?

Es cierto que el formato tradicional nos seduce con sus portadas, con su peso cuando cae en nuestras manos, con el olor de sus líneas pero tampoco deberíamos desaprovechar la amplia variedad de los dispositivos electrónicos que nos mantiene en una relación abierta en la que nadie es infiel.

La modernización de la lectura es un hecho pero hay también quien no se siente cómodo leyendo en pantalla y prefiere el placer del “toqueteo”. Y es que a veces nuestras casas se convierten en bibliotecas y construimos pequeños poblados en las estanterías hasta que un día empezamos a pensar en la pérdida de espacio. Quizá no os lo creáis pero ha habido casos en los que la obsesión por el almacenamiento y los límites de los espacios ha dejado a los lectores sumidos en el profundo llanto de no haber hecho una back up justo a tiempo.

Los libros electrónicos al no tener gastos de almacenamiento y transporte son más baratos pero también es cierto que se reduce el encanto que por naturaleza tienen los libros impresos. Pero claro, los ebooks no agotan ediciones, siempre están disponibles y tienes a tu alcance toda una librería con un solo click.

Debemos separar soporte de contenido, así que si nos ponemos en esas, hablando del e-reader contenedor y del e-book libro o contenido hay que hacerle un hueco a los smartphones y a las tablets y señalar también cómo facilitan el acceso a la lectura a personas con deficiencias visuales, por ejemplo, permitiendo cambiar el tamaño de la letra, introducir textos de colores, reproducir el mensaje en formato audiolibro o cómo nos permiten subrayar y encontrar palabras clave que desciframos mediante los útiles diccionarios que llevan incorporados. Y aunque corremos el riesgo de desviarnos del punto de lectura porque podemos linkear a otro lugar, también es cierto que determinado tipo de lectura nos puede ayudar a complementarla.

Tampoco podemos obviar el valor emocional que se tiene al libro impreso, su olor, su tacto, los mercadillos y puntos de venta de segunda mano, su opción al coleccionismo y siglos de tecnología de impresión que no se borran de un plumazo.

Los nuevos formatos no han podido replicar ciertas sensaciones pero sí han puesto en alza la comodidad y los precios más asequibles así como la reducción de espacio y la virtud de lo transportable. Cada maestrillo tiene su librillo y para cada momento ambos constituyen un método efectivo sin que tengan que entrar en peleas de barro los dos.

Puede que hayan cambiado los formatos pero el hábito continúa ahí y ahí es donde se disipa la línea que quiere enfrentarlos.

Al final, lo verdaderamente importante es la democratización del conocimiento, que no viene en pantalla o en papel sino que está suscrita al inmenso placer de la lectura.

Y pensándolo bien, nunca pensé que diría “me he quedado sin batería en el libro”.

Saludos desde Endor.

 
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