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Archivo del Duelo sobre el 11-M

Archivo del 11-M
Más de 70.000 piezas recopiladas en los meses posteriores fueron inventariadas por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el “Archivo del Duelo“, un proyecto con el que se pretende contribuir a la construcción de la memoria histórica mediante la conservación de unos objetos que, por su carácter efímero, suelen desaparecer. 
La antropóloga Cristina Sánchez Carretero y su equipo recopilaron, catalogaron, guardaron y estudiaron la “memoria de las bases” que se generó tras la tragedia. Se trata de los objetos que ciudadanos cualquiera, madrileños pero no sólo, dejaron en las inmediaciones de los lugares donde estallaron las bombas. Los materiales recogidos en las estaciones de tren de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, y las grabaciones y fotografías realizadas por investigadores y voluntarios han servido también para estudiar la ritualización del duelo en los espacios públicos.
Sólo se permite una consulta in situ de esta memoria todavía viva de la tragedia, sin que pueda salir de la Biblioteca del Museo del Ferrocarril. 2.482 fotografías, 495 objetos, 6.432 papeles, 58.732 emails y 64 grabaciones forman el archivo.
Fuente: Portal web del CSIC

No hay Gobierno Abierto sin Open Data; no hay transparencia sin cultura del dato

No hay Gobierno Abierto sin Open Data; no hay transparencia sin cultura del dato

El debate sobre el valor de los datos abiertos es lo más parecido a un foro permanente donde, intermitentemente, se incide en la promesa de hacer realidad el sueño del Gobierno Abierto: “Un mundo sin fronteras, transparente y flexible”. Así lo definió Esther Arizmendi, directora general de Modernización Administrativa, Procedimientos e Impulso de la Administración Electrónica, en el último Encuentro Aporta, titulado El valor de los datos abiertos. Haciendo hincapié en el marco normativo (Ley de 2007 y RD de 2009), utilizó la transposición de la Directiva de reutilización de datos del sector público del 2013, aquella que se centra en la política de apertura de datos debibliotecas, archivos y museos públicos, para hablar de transparencia y de una voluntad de cambio en el comportamiento de las Administraciones Públicas. Olvidarse de “servir al ciudadano desde una caja de cristal” y establecer las herramientas clave para quecompartir sea la normaLos Colegios Profesionales deberían abrirse de orejas a esta propuesta, pues desde el Ministerio de Economía y Competitividad hablan de “fórmulas de colaboración” para hacer llegar la cultura del dato, no solo a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, también a la sociedad civil que busca empoderarse a partir de la apertura de los datos públicos.

El valor del dato en Internet

Del valor de los datos en Internet habla el último informe de la OCDE sobre oGov; también registra los avances en Administración Electrónica el recientemente presentado Informe de la Sociedad de la Información. Nuevas profesiones y nuevos profesionales -archivistas, ingenieros informáticos, estadísticos…- que tienen en la tecnología y en el dato su futuro, por lo que se impone una necesidad de diálogo, desde el sector profesional, a través de una Agenda Digital adaptada a los tiempos; también a los dictados de la UE.

Entonces, si el futuro está en “abrir y compartir”, ¿cómo hacemos para extender la cultura del dato? ¿Qué iniciativas se propusieron en el Encuentro Aporta que los Colegios Profesionales puedan adaptar a su cultura colegial? Estudios para la adaptación del concepto Open Data a la cultura colegial, creación de portales de datos -como datos.gob.es– solo que con datos colegiales, difusión de casos de éxito y creación de red a través de foros de encuentro yhackatones. Todo en pos de un cambio cultural… porque, como se subrayó en esta sesión, “toda la Administración ha de ser electrónica, pues el objetivo no es otro que la transparencia de la técnica”. Así pues, ampliemos el campo de batalla.

Datos de calidad

Una de las grandes críticas formuladas en este encuentro se centró en la calidad del dato: para que éste sea válido, bueno, útil se necesita de voluntad y profesionalidad. Voluntad de transparencia y cambio, y profesionales que conozcan los datos. También la manera técnica de “abrirlos”. Como apuntó María Jesús Fernández, responsable de la Oficina de Gestión de la sede electrónica del Ayuntamiento de Zaragoza, “todos los datos deberían ser abiertos por defecto”. No obstante, lo interesante aquí está en la detección de los datos útiles. Se podría resumir en la posibilidad de trabajar con un conjunto de datos que solo las profesiones puedan proveer, y traducirlo en aplicaciones, en visualización de esos mismos datos, en la facilitación de su comprensión.

¿Qué frena la cultura del dato?

Dice Alberto Ortiz de Zárate que “no tenemos cultura de datos porque no tenemos cultura de la transparencia”. Este especialista en Open Data, responsable de Irekia (Open Data del Gobierno vasco), asegura que “después de diez años de Gobierno Abierto desde Europa, lo único tangible que tenemos en España son portales de Open Data, pero poca materia prima para el reutilizador”. Para que esto cambie, Ortiz de Zárate aboga por una Administración que trabaje la cultura del dato teniendo en cuenta lo siguiente:

– Compartir datos en origen, lo que se traduce en “información bien trabajada”.

– Hacer portales que tengan datos.

– Liberar datos coherentes, con un mismo vocabulario; que puedan utilizarse entre administraciones.

– Fomentar una sociedad reutilizadora; “para lo que hay que dotar económicamente, desde la Administración, los proyectos que se encarguen de ello”.

Porque cuando hablamos de Gobierno Abierto estamos hablando de “rendición de cuentas”; y cuando nos referimos a Open Data es sobre Innovación y Tecnología de lo que estamos debatiendo. ¿Conceptos separados? Nada más lejos de la realidad. “La calidad ancla los datos a la realidad”, o eso se afirmó en la mesa dedicada a interoperabilidad. No hay Gobierno Abierto sin Open Data. No hay transparencia sin cultura del dato. 

Publicado en: Blog Carlyle no tenía razón

Carreras absurdas, o correr a ninguna parte. [por Germán Hernández]

A raíz de un debate originado hace tres días en el grupo de Facebook, de Empleo en Biblioteconomía y Documentación, queremos plasmar aquí el post de Germán Hernández, escrito en su blog “4ª Plata Sin Ascensor“, que se enlazó en uno de los comentarios de dicho debate. Esperemos poder darle más difusión porque, el texto no tiene desperdicio.

A nuestro modo de ver, y aunque haya ocurrido en Extremadura, es un hecho sintomático de nuestra profesión a nivel nacional que hay que curar, valga la expresión. Ésta es una forma más de ningunear tanto a la profesión, a los profesionales como a los estudios de Ciencias de la Documentación.

La Asociación ABDM, como no puede ser de otra manera, simpatiza con la preocupación y la denuncia aquí expresadas por Germán Hernández y, desde luego, va a trabajar y a hacer todo lo que esté en su mano, en pro de que este tipo de situaciones sean cada vez menos frecuentes, hasta que lleguen a desaparecer, por lo menos, en la Comunidad de Madrid.

Sin más os dejamos el texto.

 

(25/11/2013. Germán Hernández)

4ª Planta Sin Ascensor

Yo estudié Biblioteconomía y Documentación, sí.

Esa carrera que ya es menos rara, y ha dejado de ser ¿Bibliotequé?, pero que sigue teniendo los mismos problemas de prestigio que arrastra desde su creación.

No sólo me diplomé, sino que la vi tan distinta, tan útil, y tan curiosa que además me licencié y dediqué nada menos que 5 años de mi vida. Pobre de mí.

De eso hace ya más de 15 años. Durante todo este tiempo digamos que he sido de los pocos que he podido rentabilizar en cierta medida mi formación. Al poco de acabar la carrera contraté con Baratz, la creadora de ABSYS, un programa de gestión de bibliotecas de primer nivel y toda una institución en lo que a trabajo privado en Documentación se refiere. Y allí estuve 6 años hasta que decidí, a instancia propia, dejar Madrid y volverme a Extremadura.

Sabía que la vuelta no iba a ser fácil. He hecho de todo durante este tiempo: montar Pladur durante 3 años como autónomo, vender productos dentales, o diseñar tarjetas de visita o menús de bares y restaurantes.

No obstante, la única salida para muchos de mis compañeros ha sido prepararse unas duras oposiciones durante años, y otros muchos han renunciado directamente a su formación principal y se han diluido en otros mercados, o se han formado de nuevo.

No sé si muchos de los que me leéis conocéis el Plan de Empleo de Experiencia de Extremadura. A modo de resumen, es un plan promovido por el Gobierno de Extremadura para dar oportunidades laborales a jóvenes desempleados que se enfrentan a su primera experiencia laboral. Con el, los ayuntamientos solicitan subvenciones para crear puestos de trabajo acordes a las necesidades laborales de la población.

Yo, sin ir más lejos, estoy contratado en uno de esos planes actualmente. Trabajo como “Empleado de Archivo y Biblioteca” aunque el Archivo no lo he pisado nunca en todo este año.

Y estoy contratado aquí no por ser joven, no por ser mi primer empleo, sino porque no hubo nadie preseleccionado por el servicio de empleo público que cumpliera las condiciones exigidas y que fuese más joven y con más tiempo desempleado que yo entre los que  concurrimos.

Cuando yo concurrí las condiciones para el concurso eran bastante similares a las actuales. Es decir, bastante deficientes.

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