Archivo de la etiqueta: archivos

Carreras absurdas, o correr a ninguna parte. [por Germán Hernández]

A raíz de un debate originado hace tres días en el grupo de Facebook, de Empleo en Biblioteconomía y Documentación, queremos plasmar aquí el post de Germán Hernández, escrito en su blog “4ª Plata Sin Ascensor“, que se enlazó en uno de los comentarios de dicho debate. Esperemos poder darle más difusión porque, el texto no tiene desperdicio.

A nuestro modo de ver, y aunque haya ocurrido en Extremadura, es un hecho sintomático de nuestra profesión a nivel nacional que hay que curar, valga la expresión. Ésta es una forma más de ningunear tanto a la profesión, a los profesionales como a los estudios de Ciencias de la Documentación.

La Asociación ABDM, como no puede ser de otra manera, simpatiza con la preocupación y la denuncia aquí expresadas por Germán Hernández y, desde luego, va a trabajar y a hacer todo lo que esté en su mano, en pro de que este tipo de situaciones sean cada vez menos frecuentes, hasta que lleguen a desaparecer, por lo menos, en la Comunidad de Madrid.

Sin más os dejamos el texto.

 

(25/11/2013. Germán Hernández)

4ª Planta Sin Ascensor

Yo estudié Biblioteconomía y Documentación, sí.

Esa carrera que ya es menos rara, y ha dejado de ser ¿Bibliotequé?, pero que sigue teniendo los mismos problemas de prestigio que arrastra desde su creación.

No sólo me diplomé, sino que la vi tan distinta, tan útil, y tan curiosa que además me licencié y dediqué nada menos que 5 años de mi vida. Pobre de mí.

De eso hace ya más de 15 años. Durante todo este tiempo digamos que he sido de los pocos que he podido rentabilizar en cierta medida mi formación. Al poco de acabar la carrera contraté con Baratz, la creadora de ABSYS, un programa de gestión de bibliotecas de primer nivel y toda una institución en lo que a trabajo privado en Documentación se refiere. Y allí estuve 6 años hasta que decidí, a instancia propia, dejar Madrid y volverme a Extremadura.

Sabía que la vuelta no iba a ser fácil. He hecho de todo durante este tiempo: montar Pladur durante 3 años como autónomo, vender productos dentales, o diseñar tarjetas de visita o menús de bares y restaurantes.

No obstante, la única salida para muchos de mis compañeros ha sido prepararse unas duras oposiciones durante años, y otros muchos han renunciado directamente a su formación principal y se han diluido en otros mercados, o se han formado de nuevo.

No sé si muchos de los que me leéis conocéis el Plan de Empleo de Experiencia de Extremadura. A modo de resumen, es un plan promovido por el Gobierno de Extremadura para dar oportunidades laborales a jóvenes desempleados que se enfrentan a su primera experiencia laboral. Con el, los ayuntamientos solicitan subvenciones para crear puestos de trabajo acordes a las necesidades laborales de la población.

Yo, sin ir más lejos, estoy contratado en uno de esos planes actualmente. Trabajo como “Empleado de Archivo y Biblioteca” aunque el Archivo no lo he pisado nunca en todo este año.

Y estoy contratado aquí no por ser joven, no por ser mi primer empleo, sino porque no hubo nadie preseleccionado por el servicio de empleo público que cumpliera las condiciones exigidas y que fuese más joven y con más tiempo desempleado que yo entre los que  concurrimos.

Cuando yo concurrí las condiciones para el concurso eran bastante similares a las actuales. Es decir, bastante deficientes.

Seguir leyendo Carreras absurdas, o correr a ninguna parte. [por Germán Hernández]

¿Qué se espera hoy de los archiveros?

Hemos visto mencionado en Twitter y Facebook este artículo de Fernando Betancor Pérez, sobre el papel que tienen hoy los archiveros, cada vez más multifuncional y generalista. Esto provoca el aumento de la carga de trabajo, a realizar las tareas cada vez más rápido por falta de tiempo y personal lo que puede conducir a la merma de la calidad sel servicio. Es una situación que no solo se da en el caso de los archiveros, sino que también se aplica a bibliotecarios y documentalistas que se encuentran muchas veces faltos de personal y medios y llevan a cabo de las formás más imanganitvas posibles su labor, logran sacar adelante el trabajo diario y hacer que funcione su centro o departamento, evitando esa merma de calidad.

Un vez más, el escaso reconocimiento social de los archiveros, y también de los  bibliotecarios, documentalistas y otros profesionales de las ciencias de la documentación, es un mal contra el que hay que seguir luchando, esforzándose por dar prestigio y visibilidad a la profesión.

Aquí os dejamos el artículo:

A todos los “archiveros de seis manos”;  es decir, a casi todos los archiveros

En otros tiempos los archiveros se dedicaban casi íntegramente a leer, extractar documentos y a desarrollar investigaciones históricas a partir de la información en ellos contenida, puesto que la mlots of filesayor parte de los responsables de los archivos procedían del ámbito de la historia, considerándose el término archivero como sinónimo de erudito. En la actualidad, a medida que la disciplina archivística se ha ido definiendo con mayor exactitud, se ha establecido un objeto de estudio claro y se han adquirido unas herramientas y procedimientos técnicos de trabajo y unos objetivos precisos, el papel del archivero ha ido cambiando, adquiriendo un grado de profesionalidad del que carecía en otros tiempos.

En este sentido, Jorge Blasco Gallardo en el transcurso de una conferencia dictada en el mes de noviembre de 2012 durante las Jornadas Archivando (León, España) y vinculada con su línea de trabajo Culturas del archivo, de una manera colateral a su línea discursiva reflexionaba  sobre el hecho de que a los archiveros de hoy se les pidiera que se encargaran de múltiples tareas: elaborar instrumentos de descripción, conservar, difundir, informatizar, digitalizar… sorprendiéndose de que bajo la función de “archivero” pudieran acogerse tantas actividades, y manifestando su asombro -de una manera irónica como buen conocedor de la realidad archivística- ante el hecho de que esas tareas fueran realizadas habitualmente por una sola persona en cada archivo. Pero… no. No es sorprendente; o por lo menos a los que nos dedicamos a esto no nos resulta extraña esta actividad “multitarea” que nos vemos obligados realizar. ¿Quién –exceptuando a aquellos que ejercen en grandes archivos- no ha tenido que efectuar la recepción de los documentos, cotejarlos, inventariarlos, describirlos a diferentes niveles y escanearlos o fotografiarlos, vincular la imagen con su ficha descriptiva, incorporar los metadatos a los objetos digitales y subirlos a una web que muchas veces es administrada, e incluso construida, por el mismo individuo que realiza todas las actividades anteriores?

En la práctica, y hoy más aún con la reducción de personal a que estamos asistiendo –merma que se produce sobre unas plantillas que en el ámbito archivístico eran ya mínimas, casi siempre unipersonales, lo que ha supuesto el cierre de muchos archivos- esta pluriactividad está a la orden del día más que nunca, y esta imagen del “archivero con seis manos” la reconoceremos muchos de nosotros. Frente a la especialización que parece dominar otros campos del saber, en el caso de la archivística se produce un empeño en ampliar cada vez más su radio de acción sin que parezca relevante que ha de haber diferentes perfiles profesionales -y también diferentes personas- para desarrollar cada una de estas actividades, hecho que de producirse significaría posiblemente un avance en la propia disciplina y en los trabajos cotidianos. Es evidente que la realidad y las transformaciones motivadas por las tecnologías obligan a incorporar novedades y requieren efectuar adaptaciones a los procedimientos técnicos que enriquezcan los trabajos realizados para que reviertan de una manera óptima sobre la sociedad a la Legajosque va destinada. Ese no es el problema, porque si hay un colectivo que ha asumido muchos cambios en un corto período de tiempo ese es el de los archiveros, lo que obliga a un constante reciclaje que es asumido como algo natural y necesario. Pero… ¿no se pide demasiado a estos “archiveros solitarios”? ¿No se requiere de nosotros que seamos informáticos y humanistas, expertos en digitalización y peritos en grafías antiguas, preservadores de documentos y difusores de los mismos, creadores de razonados instrumentos de descripción y de material didáctico para los más pequeños, investigadores y comisarios de exposiciones? Se requiere de nosotros –se nos exige- todo eso y… mucho más: se exige que todo ello sea asumido por una sola persona. De ahí que la relación, la identificación, el vínculo –positivo a todas luces- que se establece entre el archivero y “su” archivo sea tan fuerte. Pero también, ahí está el origen del estrés que puede llegar a causar un trabajo constantemente solitario y atareado que los ajenos al ámbito archivístico se empeñan en calificar siempre de tranquilo y sosegado. Quizás –seguro- el problema no esté en la archivística en sí misma, sino en que el escaso reconocimiento social ha llevado a no valorar de manera adecuada la profesión y ello, a su vez, ha hecho de los archiveros unos supervivientes que hemos tenido que asumir y reconocer como propios todos los trabajos paralelos que conlleva la actividad archivística para así ofrecer resultados que favorezcan la transformación de esa imagen desconsiderada que se tiene de la profesión. Sí… en definitiva, el problema está, creo, en que todas esas actividades confluyen en una única persona, que habitualmente por responsabilidad y profesionalidad acepta su destino e intenta hacer su trabajo lo mejor que sabe y… puede, porque entiende que, en el fondo, se espera mucho de ellos, y porque, además, ¡qué le vamos a hacer!… les gusta su trabajo.

¿Y tu…? ¿Eres uno de esos “super archiveros” que con sus “seis manos” han de enfrentarse en solitario a todas esas múltiples tareas?

Fuente: El archivo: la gestión de la memoria

¿Qué se espera hoy de los archiveros?

Hemos visto mencionado en Twitter y Facebook este artículo de Fernando Betancor Pérez, sobre el papel que tienen hoy los archiveros, cada vez más multifuncional y generalista. Esto provoca el aumento de la carga de trabajo, a realizar las tareas cada vez más rápido por falta de tiempo y personal lo que puede conducir a la merma de la calidad sel servicio. Es una situación que no solo se da en el caso de los archiveros, sino que también se aplica a bibliotecarios y documentalistas que se encuentran muchas veces faltos de personal y medios y llevan a cabo de las formás más imanganitvas posibles su labor, logran sacar adelante el trabajo diario y hacer que funcione su centro o departamento, evitando esa merma de calidad.

Un vez más, el escaso reconocimiento social de los archiveros, y también de los  bibliotecarios, documentalistas y otros profesionales de las ciencias de la documentación, es un mal contra el que hay que seguir luchando, esforzándose por dar prestigio y visibilidad a la profesión.

Aquí os dejamos el artículo:

A todos los “archiveros de seis manos”;  es decir, a casi todos los archiveros

En otros tiempos los archiveros se dedicaban casi íntegramente a leer, extractar documentos y a desarrollar investigaciones históricas a partir de la información en ellos contenida, puesto que la mlots of filesayor parte de los responsables de los archivos procedían del ámbito de la historia, considerándose el término archivero como sinónimo de erudito. En la actualidad, a medida que la disciplina archivística se ha ido definiendo con mayor exactitud, se ha establecido un objeto de estudio claro y se han adquirido unas herramientas y procedimientos técnicos de trabajo y unos objetivos precisos, el papel del archivero ha ido cambiando, adquiriendo un grado de profesionalidad del que carecía en otros tiempos.

En este sentido, Jorge Blasco Gallardo en el transcurso de una conferencia dictada en el mes de noviembre de 2012 durante las Jornadas Archivando (León, España) y vinculada con su línea de trabajo Culturas del archivo, de una manera colateral a su línea discursiva reflexionaba  sobre el hecho de que a los archiveros de hoy se les pidiera que se encargaran de múltiples tareas: elaborar instrumentos de descripción, conservar, difundir, informatizar, digitalizar… sorprendiéndose de que bajo la función de “archivero” pudieran acogerse tantas actividades, y manifestando su asombro -de una manera irónica como buen conocedor de la realidad archivística- ante el hecho de que esas tareas fueran realizadas habitualmente por una sola persona en cada archivo. Pero… no. No es sorprendente; o por lo menos a los que nos dedicamos a esto no nos resulta extraña esta actividad “multitarea” que nos vemos obligados realizar. ¿Quién –exceptuando a aquellos que ejercen en grandes archivos- no ha tenido que efectuar la recepción de los documentos, cotejarlos, inventariarlos, describirlos a diferentes niveles y escanearlos o fotografiarlos, vincular la imagen con su ficha descriptiva, incorporar los metadatos a los objetos digitales y subirlos a una web que muchas veces es administrada, e incluso construida, por el mismo individuo que realiza todas las actividades anteriores?

En la práctica, y hoy más aún con la reducción de personal a que estamos asistiendo –merma que se produce sobre unas plantillas que en el ámbito archivístico eran ya mínimas, casi siempre unipersonales, lo que ha supuesto el cierre de muchos archivos- esta pluriactividad está a la orden del día más que nunca, y esta imagen del “archivero con seis manos” la reconoceremos muchos de nosotros. Frente a la especialización que parece dominar otros campos del saber, en el caso de la archivística se produce un empeño en ampliar cada vez más su radio de acción sin que parezca relevante que ha de haber diferentes perfiles profesionales -y también diferentes personas- para desarrollar cada una de estas actividades, hecho que de producirse significaría posiblemente un avance en la propia disciplina y en los trabajos cotidianos. Es evidente que la realidad y las transformaciones motivadas por las tecnologías obligan a incorporar novedades y requieren efectuar adaptaciones a los procedimientos técnicos que enriquezcan los trabajos realizados para que reviertan de una manera óptima sobre la sociedad a la Legajosque va destinada. Ese no es el problema, porque si hay un colectivo que ha asumido muchos cambios en un corto período de tiempo ese es el de los archiveros, lo que obliga a un constante reciclaje que es asumido como algo natural y necesario. Pero… ¿no se pide demasiado a estos “archiveros solitarios”? ¿No se requiere de nosotros que seamos informáticos y humanistas, expertos en digitalización y peritos en grafías antiguas, preservadores de documentos y difusores de los mismos, creadores de razonados instrumentos de descripción y de material didáctico para los más pequeños, investigadores y comisarios de exposiciones? Se requiere de nosotros –se nos exige- todo eso y… mucho más: se exige que todo ello sea asumido por una sola persona. De ahí que la relación, la identificación, el vínculo –positivo a todas luces- que se establece entre el archivero y “su” archivo sea tan fuerte. Pero también, ahí está el origen del estrés que puede llegar a causar un trabajo constantemente solitario y atareado que los ajenos al ámbito archivístico se empeñan en calificar siempre de tranquilo y sosegado. Quizás –seguro- el problema no esté en la archivística en sí misma, sino en que el escaso reconocimiento social ha llevado a no valorar de manera adecuada la profesión y ello, a su vez, ha hecho de los archiveros unos supervivientes que hemos tenido que asumir y reconocer como propios todos los trabajos paralelos que conlleva la actividad archivística para así ofrecer resultados que favorezcan la transformación de esa imagen desconsiderada que se tiene de la profesión. Sí… en definitiva, el problema está, creo, en que todas esas actividades confluyen en una única persona, que habitualmente por responsabilidad y profesionalidad acepta su destino e intenta hacer su trabajo lo mejor que sabe y… puede, porque entiende que, en el fondo, se espera mucho de ellos, y porque, además, ¡qué le vamos a hacer!… les gusta su trabajo.

¿Y tu…? ¿Eres uno de esos “super archiveros” que con sus “seis manos” han de enfrentarse en solitario a todas esas múltiples tareas?

Fuente: El archivo: la gestión de la memoria