De economía, confianza y servicios profesioanles

Entre incrédulos y esperanzados en relación a las diferentes noticias emitidas desde diferentes organismos políticos y económicos. Quizá sea una de nuestras sensaciones estos días. De esta forma, los datos de empleo en mayo, esfuerzos por acercar recursos al emprendimiento y acceso al crédito, parecen algunas de las bases para comenzar a impulsar el esquivo crecimiento, eso sí, sostenible. Sin embargo, la economía, antes que todo esto, necesita de confianza sólida a medio y largo plazo —aquello de las expectativas— en consumidores, empresas, banca, etc. Y de momento… aún no se percibe. Las reformas estructurales que lleva a cabo el gobierno parecen ir en la línea de dar confianza, pero, ¿de verdad generarán certidumbre?.

Uno de los sectores económicos que más se basa en la confianza como intangible para funcionar son las actividades profesionales. De todos es bien sabido, que cuando acudimos a un profesional precisamos de la mayor calidad en el servicio y, sobre todo, de la tranquilidad de saber que existe un colegio profesional detrás que ejerce un control deontológico independiente. No ni más ni menos, que el valor añadido colegial necesario para sostener este sector.

Precisamente, en este gráfico publicado de manera reciente en un informe de Analistas Financieros Internacionales, se observa la contribución de las Actividades Profesionales a la evolución económica del PIB en España. De esta forma, cuando hemos experimentado cierto crecimiento, las Actividades Profesionales han sido protagonistas; mientras, cuando ahora estamos en recesión, las profesiones apenas suponen son un factor explicativo de bajada.


Fuente gráfico: Afi

¿La explicación?, las profesiones tienen un mayor grado de empleabilidad, aportan un mayor valor añadido y, sobre todo, están basadas en la confianza percibida por los usuarios suministrada por la regulación sectorial colegial, que aunque mejorable, asegura que los profesionales ejerzan con un nivel cualitativo correcto.

¿El problema? Plantear una liberalización de los servicios profesionales que busque una bajada de precios en aras de una mayor calidad, no se sostiene, en tanto en cuanto, el sector ya se está ajustando intensamente en honorarios y empleo, sin perder la perspectiva del ciudadano. Traspasar la línea del cuidado al usuario y profesional rompería el activo principal de las profesiones: la preocupación por ofrecer al ciudadano la calidad deseable y brindarle la mayor confianza sobre el servicio que obtiene.

Fuente: Blog Carlyle no tenía razón

 
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